Le quitamos la tapa, retiramos la capa superior de grasa que estará dura y la echamos en un bol.
Vamos añadiendo poco a poco el agua de coco que está en la parte inferior hasta obtener la consistencia que nos guste, removiendo con un tenedor. Yo le eché 4 cucharadas, pero la cantidad puede variar en función de vuestro gusto o de la leche de coco que uséis (no todas las marcas son iguales).
Si queréis que el yogur os quede con una consistencia perfecta y sin grumos, lo ideal es batirlo en la batidora, pero no es necesario.
Echamos el polvito que hay dentro de las cápsulas y desechamos el envase. Removemos.
Tapamos el bol con un paño y dejamos reposar el yogur durante al menos 12 horas en un lugar oscuro y seco. Cuanto más tiempo lo dejéis, más ácido será.
Cuando ya ha fermentado, podemos echar el sirope o cualquier otro endulzante al gusto para que esté más dulce. Este paso es opcional.
Pasado ese tiempo, lo guardamos en un recipiente hermético en la nevera. Puede durar hasta 4 días.
Notas
Si no puedes conseguir los probióticos, puedes añadir 3 cucharadas de cualquier yogur vegetal envasado, mejor si es de coco. La próxima vez podrás usar este yogur.
Para hacer este yogur se necesita una lata de leche de coco, no sirven las leches de brick y no he probado a hacerlo con leche casera, pero no creo que vaya a funcionar.
Buscad marcas que a ser posible sólo lleven agua y coco, sin aditivos, conservantes y demás. Si no podéis encontrarla, la receta os saldrá, aunque será menos saludable.
Es mejor usar una leche de coco con toda la grasa y evitar las que tienen la grasa reducida.
Este yogur es bastante calórico, así que lo ideal es consumirlo en pequeñas cantidades. A mi me gusta echarme una o dos cucharadas para acompañar fruta, granola, muesli o incluso se puede usar para hacer aliños o salsas saladas. Si lo que queréis es comer un bol de yogur, os recomiendo que lo hagáis de vez en cuando.