En un bol grande echa la harina blanca, la harina de maíz, el azúcar, la sal, el bicarbonato y la levadura y remueve hasta que se hayan integrado.
Añade el resto de ingredientes al bol (mantequilla derretida o aceite, huevos de lino, buttermilk y leche). Remueve de nuevo hasta que todos los ingredientes se hayan integrado perfectamente.
Echa la masa en un molde para horno de 20×20 cm (8×8 pulgadas) previamente engrasado (yo lo engrasé con mantequilla vegana, pero puedes usar aceite de coco o cualquier otro aceite) y hornea durante unos 25 minutos o hasta que se dore por fuera y al meter un cuchillo salga limpio.
Saca el pan de maíz del horno y déjalo enfriar unos minutos antes de trocearlo y servirlo. Se puede comer caliente o frío con mantequilla vegana, sirope de arce, mermelada, como sustituto del pan (aunque es ligeramente dulce), o con lo que quieras.
Puedes guardar las sobras en un recipiente hermético a temperatura ambiente o en la nevera durante 1 semana aproximadamente o en el congelador durante 2 ó 3 meses (para recalentarlo, déjalo en la nevera la noche anterior y hornéalo a 150ºC ó 300ºF durante unos 5-10 minutos).
En vez de harina blanca puedes usar harina integral de trigo o cualquier otro tipo de harina, aunque es posible que tengas que añadir más o menos leche.
Yo he usado polenta para hacer la receta y la compré en el herbolario, pero también puedes usar harina de maíz amarilla.
Utiliza el tipo de azúcar o de endulzante que quieras. Si tu endulzante es líquido, es probable que tengas que añadir menos leche.
A mi me gusta usar mantequilla vegana para hacer esta receta, pero puedes utilizar aceite de coco derretido o cualquier aceite que tengas por casa (ten en cuenta que el aceite de oliva virgen extra tiene un sabor fuerte).
Si no quieres usar buttermilk, podrías sustituirlo por 1 taza ó 250 ml de cualquier leche vegetal sin endulzar, aunque queda más esponjoso si lo utilizas.